¿Por qué el sueño es beneficioso para el crecimiento infantil?

Una de las rutinas más importantes para la salud, no solo física sino mental y emocional del ser humano es, sin lugar a dudas, el sueño. Un descanso reparador trae consigo horas de actividad productiva y un derroche de energía y creatividad. Además, es un hábito que debe constituirse desde que se nace, y que se va regulando con el tiempo.

Por su parte, Franklin Escobar Córdoba, profesor de psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia, opina que el sueño en los bebés es tan importante como la lactancia, pues contribuye al crecimiento y desarrollo normal del cerebro y del sistema nervioso.

“Un pequeño que duerme bien es un bebé que, en general, está sano. Es más, cuando ellos presentan un desarrollo deficiente en estatura y peso se debe sospechar de algún trastorno del sueño, y el médico ha de evaluarlo”

– Franklin Escobar Córdoba –

¿Cuánto debe dormir un niño para crecer adecuadamente?

Dormir es una necesidad vital, sobre todo cuando se trata de los más pequeños de casa. El sueño les ayuda a reponer energías, a la vez que contribuye a fijar y organizar la información que han aprendido durante la jornada. Además, mientras los niños duermen, su cerebro se encarga de eliminar las sustancias de desecho de su metabolismo arrastrándolas a través de una especie de canales que crean las células gliales hacia el líquido cerebro espinal.

Esto sin contar que durante el sueño su mente “selecciona” los recuerdos que no necesitan y los “elimina”, a la vez que le resta impacto emocional a las experiencias que han vivido durante el día. De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Notre Dame reveló que el sueño ayuda a que los niños generen nuevas ideas y sean más creativos.

Otra investigación, esta vez realizada por expertos del Instituto del Sueño de la Universidad de Washington, encontró que el sueño también interviene en la regulación del peso corporal, previniendo el sobrepeso y la obesidad infantil.

El sueño, un importante factor de crecimiento y desarrollo

El crecimiento infantil es un fenómeno complejo que implica diferentes procesos metabólicos y hormonales. De hecho, también está sujeto a diversos factores externos como la nutrición, el ejercicio físico y el sueño. Se ha demostrado que la hormona de crecimiento, segregada por la glándula pituitaria, suele liberarse a lo largo del día, pero en el caso de los niños existe un período más intenso de liberación: poco después de ir a la cama.

Durante la fase REM del sueño infantil, es decir, el período de sueño más profundo, se activa la hipófisis anterior y la pituitaria empieza a sintetizar la hormona de crecimiento, también conocida como hormona somatotrópica. El pico máximo de liberación de la hormona se produce entre una y dos horas después de que el niño se duerme, aunque algunos estudios sitúan el período de mayor actividad de esta hormona entre la medianoche y las cuatro de la madrugada. De hecho, también se segrega durante las siestas, aunque el período de fase REM es más corto.

Esto explica por qué los niños que tienen trastornos del sueño o descansan mal tienen un riesgo más elevado de presentar un retraso o ralentización en el crecimiento y, en muchos casos, necesitan recurrir a hormonas de crecimiento suplementarias para alcanzar la estatura adecuada. Una deficiencia en los niveles de la hormona de crecimiento también puede afectar la función del sistema inmunitario, el sistema cardiovascular y el desarrollo cerebral.

Al respecto, investigadores de la Universidad de Colorado encontraron que cuando los niños duermen, su cerebro se encarga de construir y fortalecer las conexiones neuronales que unen a ambos hemisferios. Estas conexiones se realizan a través del esplenio que forma parte del cuerpo calloso, una estructura que conecta a los hemisferios. A largo plazo, una comunicación óptima entre los hemisferios cerebrales garantiza un mejor desarrollo cognitivo y una mayor capacidad de aprendizaje.

Franklin Escobar Córdoba, profesor de psiquiatría de la Universidad Nacional de Colombia, apoya estas afirmaciones argumentando que en los primeros meses de vida el sueño contribuye a los procesos de maduración del sistema nervioso central, principalmente del cerebro, lo que permite la producción de la hormona del crecimiento y esto estimula el desarrollo físico y mental del bebé.

La hormona actúa sobre muchos tejidos e influye en el metabolismo y, precisamente, se segrega en mayor cantidad a los 50 o 60 minutos de haberse iniciado el sueño nocturno, aunque estudios han comprobado que en siestas largas, como las de los recién nacidos, también ocurre esto. Por ello, es lógico que los pequeños que duermen intermitentemente y de forma intranquila se vean en desventaja frente a estos procesos.

Por ejemplo, en los bebés, las siestas que toman por periodos, a lo largo del día, y el sueño nocturno son indispensables el uno del otro y muy benéficos para su desarrollo. Los niños que toman su siesta son, por lo general, menos caprichosos y duermen mejor durante la noche.

“Un bebé se demora, aproximadamente, de año a año y medio para aprender a caminar, pero toma hasta 4 años para aprender a tener un sueño de características regulares durante la vida. Cabe decir, que el sueño brinda enormes beneficios para la salud, en todas las etapas, incluso en la vejez”

– Franklin Escobar Córdoba –

¿Cuánto debe dormir un niño para crecer adecuadamente?

En realidad no existe una relación directa entre las horas de descanso y el ritmo de crecimiento infantil. El hecho de que los niños duerman más horas no significa que crecerán más o que tendrán un mejor desarrollo cognitivo. Sin embargo, reducir la cantidad de horas que descansa un pequeño al día sí podría tener efectos negativos para su salud.

La Fundación del Sueño de Estados Unidos recomienda que durante el primer año de vida, los bebés duerman entre 12 y 18 horas diarias, un tiempo que se reduce a entre 12 y 14 horas en los niños entre 1 y 3 años. Para los pequeños entre 3 y 5 años, lo idóneo serían entre 11 y 13 horas de sueño, mientras que los niños entre los 5 y 10 años ya podrían reducir su horario de descanso a entre 10 y 11 horas diarias.

Fuente: paraBebés, abc del bebé.

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